ARTE ANCESTRAL EN EL ESCENARIO: EL TRASFONDO WIXÁRIKA DEL GALARDÓN DE GLORIA TREVI
Por Esly Fombona - Periodista independiente
En la industria del entretenimiento contemporáneo, la condecoración a una trayectoria suele medirse en metal fundido o prismas de acrílico estandarizados. Sin embargo, la estatuilla correspondiente al reconocimiento «Artista Oro» de los HEAT Latin Music Awards recibida por Gloria Trevi marca un punto de inflexión donde la cultura de masas converge con una de las cosmogonías más antiguas y vivas de México: la cultura Wixárika (huichol).
El objeto no es una pieza seriada ni un acabado industrializado; se trata de una intervención directa sobre la estructura volumétrica del galardón, elaborada a través de la técnica tradicional de incrustación de microchaquira de cristal. En el pensamiento del pueblo wixárika —asentado en la Sierra Madre Occidental a través de comunidades en Jalisco, Nayarit, Zacatecas y Durango—, el acto de disponer cuentas sobre un soporte no obedece a un fin puramente decorativo, sino a la materialización visual de rezos, visiones y ofrendas dirigidas a los kakauyarixi (las deidades y ancestros).
LA LECTURA COSMOLÓGICA: FUEGO, VISIÓN Y PEYOTE
La pieza exhibe una composición geométrica calculada que respeta los preceptos sagrados wixaritari:
• El Ojo de Dios (Tsikuri) y la geometría de los rombos: Las secuencias romboidales en gradiente que recorren los márgenes laterales del óvalo articulan los cuatro rumbos cardinales con el eje central del cosmos. En la tradición comunitaria, este glifo representa la visión integral: la facultad de mirar hacia adentro, entender los misterios de la naturaleza y acceder a la protección espiritual. • La Flor de Peyote (Híkuri) y el Sol (Tau): El medallón floral visible en la base del aro resume el núcleo chamánico wixárika. El híkuri es el sacramento que permite el diálogo sagrado durante la peregrinación a Wirikuta; fusionado con la paleta de amarillos y naranjas vivos, dialoga de inmediato con Tau, la energía del Padre Sol que fecunda y purifica la tierra. • El principio de dualidad (Tatewari y Tatéi Haramara): La transición cromática dominante de rojos, anaranjados y amarillos encarna a Tatewari, el Abuelo Fuego, deidad primordial de la sabiduría y la memoria ancestral. Como contrapunto técnico y simbólico, las líneas en tonos negros y azules introducen la noche y el agua sagrada del mar (Tatéi Haramara), manifestando el balance de contrarios inherente a la existencia.
ENTRE 80 Y 140 HORAS DE EJECUCIÓN MANUAL
La complejidad de la obra radica en su geometría tridimensional. A diferencia de tablas de estambre planas o lienzos bidimensionales, la escultura presenta un cuerpo curvo continuo y concéntrico que exige un control milimétrico de la tensión y la alineación:
Fijación y preparación: La superficie se cubre con una emulsión resinosa (tradicionalmente cera de abeja natural combinada con resina de pino, adaptada con agentes de anclaje para adherirse a resinas poliméricas o metales).
Aplicación unitaria: Cada chaquira se coloca de manera individual a mano, sirviéndose de punzones o agujas finas, orientando el orificio de cada cuenta hacia la base para consolidar una textura continua y sin aristas perceptibles.
Plazo de confección: Intervenir una pieza de estas características implica el acomodo exacto de decenas de miles de microcuentas. La labor demanda entre 80 y 140 horas de trabajo ininterrumpido, lo que suele traducirse en un lapso de tres a seis semanas de manufactura minuciosa a cargo de maestros artesanos.
Al otorgarse en ceremonias continentales, este tipo de intervenciones rescata el valor del patrimonio inmaterial indígena, colocándolo frente al foco mediático internacional no como folclore estático, sino como un lenguaje vivo de resistencia artística y espiritual.
Esly Fombona
Periodista Independiente
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