Cómo los monopolios televisivos, el falso activismo y las redes digitales moldean la realidad, y el reto del periodismo libre para romper el cerco informativo.
Por Esly Fombona-Periodista Independiente
"Si puedes lograr que la gente crea mentiras, puedes hacer que cometan atrocidades." La advertencia con la que Maria Ressa recibió el Premio Nobel de la Paz en 2021 no es una metáfora futurista; es una radiografía exacta del ecosistema comunicacional contemporáneo.
A lo largo del mundo, la percepción pública ha dejado de ser el reflejo de una realidad objetiva para convertirse en el resultado de operaciones sistemáticas de moldeamiento cognitivo. Este fenómeno opera bajo dos dinámicas complementarias: la sofisticación algorítmica de las plataformas digitales y el poder hegemónico que históricamente han ejercido los grandes monopolios de la televisión tradicional.
1. El "Algoritmo del Odio": El Legado de Maria Ressa
El trabajo de la periodista filipina Maria Ressa y su portal Rappler desmitificó la idea de que las redes sociales son foros democráticos espontáneos. Sus investigaciones demostraron cómo regímenes autoritarios utilizan ejércitos de cuentas sintéticas y troles para inundar las redes con información falsa y discursos de odio.
En Filipinas, una red coordinada de apenas 26 cuentas semilla logró manipular los algoritmos de recomendación de Facebook para alcanzar e impactar la percepción de más de 3 millones de personas. El mecanismo explota un sesgo biológico primario: las plataformas priorizan los contenidos que generan indignación y miedo, porque estos retienen más tiempo la atención del usuario. Ressa demostró que la desinformación masiva no busca convencer, sino saturar el debate público, silenciar la disidencia mediante linchamientos digitales dirigidos (registrando hasta 90 ataques cibernéticos por hora contra voces críticas) e invisibilizar los hechos periodísticos verificables.
2. El Espectáculo como Coacción: TV Azteca y el Caso Gloria Trevi
Esta ingeniería de persuasión no nació con las redes sociales. Los medios tradicionales de radiodifusión perfeccionaron el uso de la pantalla como herramienta de extorsión y moldeamiento social. Un ejemplo paradigmático del uso inquisitorial de la televisión en México se dio en el caso de la cantante Gloria Trevi y la cadena TV Azteca.
Tras la ruptura de negociaciones de exclusividad comercial con la televisora, la señal abierta fue utilizada para emitir una serie de juzgamientos mediáticos coordinados que sustituyeron al debido proceso judicial. Aun cuando las autoridades jurisdiccionales exoneraron jurídicamente a la artista de los cargos penales en 2004, la cadena mantuvo una narrativa continuada de estigmatización.
La persistencia de esta campaña llevó a la cantante a interponer una demanda por difamación y daños a la reputación en los tribunales de Texas, Estados Unidos. Durante más de una década, la televisora utilizó recursos de apelación para evitar el juicio, pero en 2017 la Corte Suprema de Texas, y posteriormente la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos en 2021, desestimaron los recursos de la empresa. Las instancias judiciales internacionales determinaron que usar el alcance masivo de un medio para destruir la reputación de un particular con fines mercantiles no está protegido por la libertad de prensa ni por la Primera Enmienda.
3. El Falso Activismo: Negocio Institucional y Manipulación Social
La manipulación mediática adquiere un cariz aún más grave cuando viste causas sociales legítimas como el combate a la trata de personas o la defensa de víctimas de delitos, convirtiéndose en fachadas de opacidad económica y coacción política.
El caso de Isabel Miranda de Wallace representa la instrumentalización del dolor social para incidir en la procuración de justicia. Detrás de una presencia mediática dominante, investigaciones periodísticas y dictámenes oficiales revelaron la fabricación de pruebas y la simulación de hechos. En la Recomendación 122VG/2023, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) acreditó actos de tortura y detenciones arbitrarias cometidas por autoridades federales en colusión con la asociación civil encabezada por Wallace, conclusiones alineadas con el dictamen del Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria de la ONU (Opinión 45/2020).
De manera análoga, el caso de Rosi Orozco y su fundación Unidos vs la Trata evidencia la captura de presupuestos y bienes públicos mediante campañas de conmoción popular. Durante años, la organización recibió asignaciones presupuestales directas e inmuebles decomisados por el Gobierno Federal. Sin embargo, en febrero de 2025, la fiscalía de la Ciudad de México incoó investigaciones penales contra Orozco por presunta administración fraudulenta y usufructo indebido de residencias oficiales de alto valor, demostrando cómo el activismo de conveniencia utiliza el cabildeo mediático para extraer fondos del erario.
4. La Asimetría del Periodismo Independiente y la Ruta Crítica
Frente a este engranaje de monopolios televisivos, campañas de astroturfing digital y figuras con acceso privilegiado al presupuesto público, el periodismo independiente enfrenta un desequilibrio estructural.
Las grandes cadenas operan con concesiones públicas, millonarias asignaciones de publicidad oficial e infraestructura de comunicación masiva. Los comunicadores independientes, en cambio, dependemos del autofinanciamiento y carecemos de los mismos algoritmos de amplificación en plataformas comerciales. Además, enfrentamos de forma directa el acoso judicial (lawfare) utilizado por corporaciones y políticos para agotar nuestros recursos financieros y tiempo de investigación.
A pesar de esta asimetría, la ventaja del periodismo libre radica en la autonomía editorial y el rigor ético. Para competir contra la posverdad no se requiere igualar el volumen del ruido mediático, sino construir alianzas transfronterizas de investigación, fiscalizar de forma rigurosa las asignaciones del gasto público y educar a la audiencia en la verificación de fuentes.
La desinformación prospera en la sombra y en la inercia del público. Recuperar el control de la conversación pública es el verdadero compromiso del periodismo independiente: cuestionar no solo la versión del poder, sino los mecanismos de persuasión con los que ese poder intenta moldear nuestra mente.
Esly Fombona
Periodista Independiente
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